Ana Novella

En la obra de Ana Novella (1968) están ocurriendo notables cambios, la artista está arribando a una etapa de madurez en la que solidifica su propuesta, en la que los contornos que definen su personalidad cristalizan y todo comienza a fraguar, algo que solo es posible cuando se trabaja intensamente. Se desprende, tras largas exploraciones, de las influencias asimiladas, de las herencias que la ayudaron a abrir su propio camino. Comienza a despegarse de Chagall, de los expresionistas alemanes y de los fauvistas franceses, andamiaje que ya no necesitará en la construcción de su edificio, de su voz, que se torna cada vez más individual y reconocible.